Travesia de los Cruceros por el CaribeCuando me desperté al día siguiente, reinaba el silencio total en la Isla de Mayreau. La ciudad flotante había partido con todo su equipamiento. Se llevaron los jet-ski, kayaks, reposeras, tablas de windsurf, y hasta los músicos. A media mañana partimos rumbo al NE, y en sólo una hora de navegación llegamos a Canouan.
Nos tomamos de las boyas del Tamarind Beach Hotel & Yacht Club, y enseguida se acercó un bote para informarnos acerca de los servicios que brindaba el club. Visitamos el complejo y cuando pasamos frente a las oficinas del Canouan Diving Center una señorita argentina, muy simpática nos atendió muy cordialmente. Nos acercamos, y de inmediato entablamos conversación; el caribe otorga este tipo de regalos, conocer gente hermosa de todas partes del mundo en el momento menos pensado.
Yanina es argentina y su pareja, Nico, italiano. Viven en este paraíso y están a cargo del PADI Resort. En solamente cinco minutos de charla coordinamos una salida de buceo a los arrecifes de coral de los Tobago Cays, y otra para ver un barco hundido frente a la isla Mayreau.
Por la tarde recorrimos Canouan, y nos enteramos que en 1921 un huracán la había arrasado por completo, dejando sólo en pie la iglesia.
Los pobladores pasaron años muy difíciles hasta que un grupo de inversores italianos puso en marcha el proyecto The Caverage Bay, que generó fuentes de trabajo y reconstruyó el poblado de la isla. Nos despedimos de Nico y Yanina para partir rumbo a Becquia, haciendo escala en la isla Mustique.
Con vientos del nordeste de 25 nudos, las condiciones de navegación fueron tan difíciles que las 13 millas que nos separaban de Mustique las recorrimos en unas cuatro horas.
En esta exclusiva isla algunos famosos como Mike Jagger y Sylvester Stallone tienen sus casas "de fin de semana". Aquí es muy difícil fondear al ancla, y lo aconsejable es hacerlo tomándose de una de las boyas. Luego de un excelente guiso de soja, lentejas y garbanzos, partimos hacia Becquia, el último puerto del Cruceros por el Caribe que tocaríamos junto a Ricardo, ya que luego daría la vuelta para dejar el Anthinea en Trinidad y viajar a Francia, donde vive.
Con rumbo NO y vientos de 15 nudos, arribamos a Becquia en sólo tres horas. Fondeamos entrando a estribor a cinco metros de profundidad. Es una bahía muy segura y aquí es posible abastecerse de agua y combustible. Nos sorprendió encontrarnos con el Savage y el Obstinado (amigos que conocí en Trinidad), y coordinamos dos reuniones: una cena de creps en el Savage y la otra sería sorpresa en el Obstinado, Nos fue muy difícil despedirnos, tanto a Ricardo como a mí. Fueron muchas las cosas que aprendimos y compartimos juntos. Ricardo quiere hacer la misma vida que yo hago a bordo del New Life, y va a luchar para lograrlo. Lo importante es que prometimos encontrarnos en algún puerto dentro de muy poco tiempo.
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