En primer lugar, hay que estar preparados anímicamente para la contingencia. Casi siempre la caída al agua resulta una experiencia de gran aprensión y nerviosismo, pero debemos tomarla como una dificultad típica de la navegación. Varios son los aspectos que deben ser considerados por el palista cuando existan posibilidades de vuelta de campana: la flotabilidad personal, la temperatura de las aguas y el clima imperante. Como primera medida de seguridad debemos vestirnos apropiadamente: en aguas frías utilizaremos chalecos salvavidas y equipos de protección de neopreno o trajes secos, con lo que evitaremos la hipotermia, primera causa de accidentes graves entre los remeros.
En segundo lugar, y para prevenir dispersiones durante la volcada, sujetaremos todo el equipo acarreado a bordo mediante finos cabos.
Por último, es fundamental que los compartimientos estancos de las canoas - normalmente ubicados debajo de los asientos- no tengan filtraciones y posean un volumen de aire suficiente como para impedir el hundimiento. Al momento de producirse el vuelco intentaremos no extraviar el remo. Ya en el agua habrá que enderezar la canoa para evitar un mayor anegamiento, y luego subir. Las dos maniobras que se destacan por su simpleza y efectividad son: la entrada lateral y la de ingreso de popa. En la primera resulta primordial que ambos palistas coordinen el momento del reingreso, dado que mientras uno trepa desde la regala, el restante debe colocarse en la banda contraria y equilibrar con su peso el escoramiento.
Para reingresar efectuaremos un movimiento rápido, introduciendo una pierna por vez. Aconsejamos que el primero en subir desagote el agua acumulada antes de ayudar a su compañero, porque de lo contrario pueden volcar nuevamente. Es ideal utilizar bomba de achique manual, baldes o esponjas. En el ingreso de popa, el palista que trepa primero subirá a horcajadas por el extremo de la canoa (desde la popa). Y el segundo tripulante, ubicado en la proa, evitará que el esquife se despegue del agua. Para ello sujetará la regala con ambos brazos intentando equilibrar el peso de su compañero.
Aguantar el oleaje en las canoas
En aguas encrespadas conviene aproarse al oleaje para lograr una óptima estabilidad que facilite el reingreso. Cuando el tripulante trepe por la regala seguramente generará escoramientos. Para evitarlos podemos sujetar en el extremo del remo un chaleco salvavidas, que utilizaremos como punto de apoyo.
Esta flotabilidad adicional brindará un sostén considerable al momento de entrar en el cockpit. Cuando el oleaje arrecie, el movimiento de ingreso debe efectuarse sin titubeos, Puede suceder que una pequeña pérdida de equilibrio nos haga tambalear, arrojándonos otra vez a las aguas. No hay que desesperar, lo intentaremos otra vez hasta lograr el reingreso.
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